sábado, 9 de diciembre de 2017

Sorpresas buenas y malas bromas...

Siempre he tenido esa costumbre de adelantarme a ciertas situaciones, intentar prepararme para lo "peor" y ver como ganancia lo que no haya llegado a ese punto. Esto especialmente me fue útil en ciertos momentos de mi adolescencia, donde como muchos adolescentes pasaba de tener una barrera emocional a quitar cualquier filtro dependiendo de la persona, moviéndome en extremos.


Al crecer y haber pasado por lo que hasta el momento había sido mi experiencia más cercana al dolor y la desesperación, entré a una época bastante agradable, alejándome del sufrimiento, pensamientos recurrentes y demás cuestiones que me invadieron por años. Sé que se lo debo a la experiencia, pero sobre todo a mis amistades del momento y a tener en esa época la costumbre de escribir cómo me sentía. Me acostumbré a no pasarlo todo solo.

Pero, como todo ciclo, lo anterior tuvo que terminar en algún momento. Me di cuenta de algunas cosas que sucedían a mi alrededor con personas cercanas y fui trazando mi ya acostumbrado plan para ver lo "peor" que podría pasar en varios frentes, asumiendo que contaba con los elementos que tenía antes.

De diversas maneras fui cayendo en cuenta que ya no contaba con las personas que consideraba cercanas hace un tiempo, así como que perdí la costumbre de escribir y, con el trabajo con el que contaba hasta hace poco, había reducido mis largas caminatas que me traían algo de tranquilidad.

Con el escenario empeorando decidí centrarme en el trabajo y estuve en uno que me proporcionaba esa distracción a tiempo completo que estaba buscando, aunque en el fondo era una manera de no enfrentar "lo que sabía que se acercaba".

Los escenarios fueron cumpliéndose uno a uno, las personas con las que tal vez alguna vez lo hubiera hablado ya habían avanzado en el tiempo, yo de alguna manera no lo había hecho y me quedé atrás.

Acostumbrado al "no-dolor" fue como redescubrir sensaciones que no había experimentado desde hace ya unos 7 u 8 años, curiosamente creo que el "yo" adolescente hubiera manejado de manera mucho más tranquila mi situación actual.

Ahora con un trabajo que me permite estar en un horario más estable y que no consume mi vida en diversos horarios he tenido, para bien o para mal, tiempo de exposición, exposición a las típicas fotos, historias y demás cosas que muestra Facebook cuando explícitamente le habías indicado que no querías saber nada.

Diversas personas que avanzaron en muchas cosas en sus vidas y de las que esperaba ya no volver a saber, vuelven en forma de recomendación casual de facebook y no queda de otra más que aceptar la realidad y hacer lo que hacen todos: avanzar.

Es curioso lo que un periodo de tranquilidad puede hacerte, me volví más vulnerable y menos experimentado a la "catástrofe", pero ello también implica que pude ver muchas cosas positivas y disfrutar buenos momentos.

Y como la vida quita y también da, empecé a recibir un dinero que no esperaba, que llega en una coincidencia temporal bastante buena, pues creo que debo balancear estas sensaciones malas con sensaciones buenas, así que "terapéuticamente" y en base a mi "opinión profesional" que avalan papeles arrumbados en una carpeta voy a "recetarme" compras y salidas para hacer todo más llevadero, pues realmente no hay otra manera de que el monstruo desaparezca si no es matándolo.


domingo, 19 de febrero de 2017

De recuerdos, sueños raros y cosas paranormales.

Posibles recuerdos falsos, sueños confusos, interpretaciones y un bloqueo de memoria, sin duda el cerebro humano es fascinante... o también suceden cosas fascinantes que no comprendemos del todo.

Saludo a aquél que se pase por aquí por algún motivo, pues en esta ocasión escribiré de algunas cosas que habré hablado con algunas amistades, mas no recuerdo si llegué a escribir de ellas antes. Intentaré escribir estos eventos en orden cronológico siempre aclarando que mis evaluaciones psicológicas han salido aceptables.

Muerte y despertar 

Es uno de los primeros sueños que recuerdo. Mi edad aproximada era de 7 u 8 años en mi línea temporal mental. Me encontraba buscando "algo", de alguna manera sabía que eso que buscaba estaba relacionado con un "final" y un "comienzo", pero no tenía en claro qué era lo que estaba pasando.

Estaba en uno de los pasillos de mi casa, no había nadie más (o eso pensaba yo), estaba atardeciendo y necesitaba seguir buscando, aunque parte de mí sabía que había un lugar que no había inspeccionado, o bien que tenía miedo de revisar por saber que ahí se encontraba un elemento clave en mi búsqueda.

Entré a una habitación donde por aquellos años dormía (en la vida real). Se encontraba la litera donde descansaba regularmente y en esa cama de arriba se encontraba un ataúd, y yo sabía quién se encontraba dentro.

Me armé de valor y sentí una tristeza moderada. El ataúd tenía esa división donde uno puede abrir únicamente la parte que descubre el rostro del difunto, así que sabiendo lo que me encontraría decidí mirar dentro: Era yo.

Ese "yo" que se encontraba descansando reaccionó cuando abrí esa parte del ataúd, por unos segundos despertó y empezó a mirar asustado a todas partes, con problemas para respirar y aparentemente en sus últimos momentos de vida, pues sólo pasaron unos instantes y volvió a dejar de vivir.

Esa tristeza me invadía y entendí que algo había terminado, pero no comprendía del todo el "qué", sólo sabía que ese algo tenía que suceder.

Regresé al pasillo en el que me encontraba antes y escuché un ruido, pero no pude identificar de dónde provenía, de nuevo sabía que sólo nos encontrábamos mi "otro yo" y yo mismo... Pero no podría ser, cierto?, ese "otro yo" ya se había ido.

Mis piernas no respondían, no sabía lo que pasaba, mi cuerpo se sintió pesado y me di cuenta en ese momento que estaba siendo atacado por ese "otro yo", quien me dejó sin energía tirado en el suelo mientras se iba de la casa, poco a poco todo se vuelve negro mientras perdía la consciencia, el sueño termina.

-La chica del anillo verde-

Es una especie de continuación del sueño anterior, o al menos así lo he entendido durante todo este tiempo.

Este sueño lo ubico aproximadamente entre mis 7 y 9 años y lo mantengo en memoria desde que tengo consciencia (que tampoco es que sea mucho tiempo).

Desperté tirado en el suelo, justo en el mismo lugar donde me había quedado después del ataque del otro sueño, pero la casa era distinta: Había cuartos que en ese momento aún no existían y que ahora sí, había cosas acomodadas de manera que hasta hace poco existieron.
 
Me sentía "más grande" de lo que era en ese entonces, ahora a mis 25 años creo que me encuentro en la edad aproximada en la que me veía representado en aquél sueño.
 
Sentí una melancolía bastante fuerte, era como si me hubiesen quitado algo con lo que había vivido durante años, aunque no tenía sentido pues no llegaba ni a los 10 años, pero en el sueño sentía que había vivido bastante más.
 
Tal vez no era un "algo", tal vez era un "alguien", un alguien con quien ya no contaba y diversos momentos con esa persona que se habían eliminado de un momento a otro, parecía mucho para procesar por un momento.
 
Necesitaba encontrar a esa persona, sabía que había una manera de reunirme con ella aunque también sentía que "aún no era el momento" por alguna razón.
 
Debía moverme y rápido. Recuperé la sensación de poder moverme y me levanté del suelo, el momento se acercaba.
 
Salí al patio, el sol estaba por meterse cubriendo todo de una escena naranja; estaba a punto de suceder.
 
De pronto, en el patio empezó a surgir una niebla de color verde que se elevaba a unos cuantos centímetros del suelo, fue ahí donde "comprendí" que una reunión importante se acercaba, por fin vería a esta persona.
 
Corrí hacia una parte específica del patio y vi un resplandor verde (aparentemente este color fue bastante significativo en dicho sueño) del cual salió una persona cuyo rostro no pude ver en ningún momento, pero sabía "quién" era.

Esta persona era una mujer, cabello largo, su rostro cubierto. Al verla tuve la sensación de encontrarme con aquella persona con la que había compartido varios momentos y a quién buscaba.

Recuerdo que me dio un abrazo bastante fuerte, fueron sólo unos segundos. Se separó pero no sin mostrarme un anillo color verde, me lo entregó y acepté que era el momento de partir pues como mencioné antes "aún no era el momento". Se alejó de mí unos cuantos pasos y se desvaneció en aquél resplandor verde que volvió a aparecer. El sueño terminó.


-La Esfera de Colores-

Este no lo tengo clasificado como sueño en sí, lo tengo como recuerdo aunque sería "imposible" que haya pasado así como tal. En mi cronología mental lo tengo como lo más cercano a mis 12 años, como el inicio de mi consciencia actual, por lo que creo es bastante significativo.

Me encontraba a punto de dormir en la sala, me di cuenta que no había puesto una de las cortinas en la ventana y se veía directamente al árbol que se encuentra en el patio, al cual miré fijamente por unos segundos.

De pronto, por la ventana se empezó a notar un resplandor, una fuente de luz se acercaba. Conforme pasaban los segundos la fuente de luz se mostraba ante mis ojos: Se trataba de una espera de colores, como si tuviese pequeños focos de todos los colores alrededor.

Recuerdo haber revisado si me encontraba despierto, todo se sentía como si fuese real. Esa esfera entonces entró por la ventana, se acercó lentamente.

Se dirigió a mi frente y desapareció, fue como si hubiese entrado en mi cabeza, entonces sentí como si recibiera una fuerte descarga eléctrica en el cerebro por varios segundos. El recuerdo termina.

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Hay otro elemento que vivo de vez en cuando, unos sueños bastante peculiares de los que hablaré en otra situación, esta vez quise enfocarme en el pasado, pues lo otro es un tema a parte en sí mismo.

El cerebro puede darnos malas jugadas, interpretar, modificar, bloquear, hacer cosas impresionantes, pero cierto es también que nos encontramos ante fenómenos que no comprendemos en diversas ocasiones.

¿Fueron esos recuerdos modificados o interpretaciones de algo completamente distinto?, posiblemente, pero yo los recuerdo así.

domingo, 12 de febrero de 2017

Esos pequeños placeres...

Hola de nuevo, gente que por algún motivo pase por aquí. En esta entrada tocaré un poco alguno de mis placeres un tanto obsesivos que tal vez alguna persona conozca de mi persona.

Sucedió hace dos semanas, un día que podría ser ordinario para muchos pero, para alguien como yo, fue una experiencia bastante placentera.

Desde siempre he tenido esta fantasía de que la gente puede comportarse con educación, amabilidad, respeto, etc. Y 11 de cada 10 veces veo muestras de que no es más que eso; una fantasía, hasta que suceden días como el de hace un par de semanas que me hacen recuperar un poco la fe en la humanidad.

Como algunos saben, llevo algunos meses en proceso para un trabajo que realmente quiero y que me ayudará a cumplir varios proyectos que tengo en el futuro. Pues bueno, para obtener uno de los documentos que me pidieron necesitaba ir a Palacio y no morir en el intento.

Preparé la mochila con la que normalmente salgo con lo usual; papel, agua y un libro con el que cargo si sospecho que tendré un tiempo muerto bastante largo, como sospechaba que pasaría por ir a una institución de gobierno.

Salí de mi casa como de costumbre escuchando música y ya iba preparado para encontrarme con el primer problema: Seguramente el taxista me cobraría de más de manera ilegal como están haciendo muchos dado la incertidumbre de la tarifa de transporte, donde muchos están cobrando lo que quieran.

Pues nada, no sólo no tenía música a todo volumen, sino que me cobró lo justo, para variar.

Al llegar a Palacio me encontraba bastante perdido, no sabía a qué oficina acudir. En mi búsqueda me topé con un campamento de manifestantes, los cuales repetían diversas consignas y no estaban agrediendo a nadie. Pocos metros después veía a unos trabajadores del estado que los observaban mientras comentaban un poco la situación, cuando uno de ellos dijo una frase que no esperaba:

"Pues realmente tienen todo el derecho de manifestarse y están juntando su basura, no han causado desorden"

Entré a una oficina aleatoria a preguntar sobre dónde se llevaba a cabo el trámite que necesitaba y me contestaron con bastante amabilidad, me dieron direcciones bastante entendibles y me desearon suerte.

Llegué al sitio que buscaba después de una larga travesía y pensé que había llegado demasiado tarde pues eran ya las 3:55 de la tarde. No pasaron ni dos minutos cuando entró una persona y me preguntó si ya me habían atendido y, que en caso de no ser así, en qué me podía ayudar. Me pidió algunos datos y me dijo que esperara en lo que se imprimía el documento.

Una vez más, no pasaron ni dos minutos y entró una segunda persona, de nuevo preguntándome si ya me estaban atendiendo, a lo cual contesto que sí en el mismo tono.

Desconozco si es por reglamento que deban estar preguntando en cuanto tienen oportunidad, pero me recordó de alguna manera a mis días en el Hospital General, donde algunos miembros del equipo de Psicología preguntábamos lo mismo a las personas que se encontraban esperando. Realmente nunca se nos dio tal instrucción (o al menos a mí jamás), pero siempre lo vi como una muy buena cortesía que a veces da buenos frutos, pues más de una vez nos llegaron a hacer el comentario que éramos el único departamento del edificio que los trataba así de bien.

Debí haber estado unos.. ¿10 minutos? entre mi búsqueda, pago y proceso del trámite, pues no pasaron muchos segundos hasta que me entregaron el documento del cual me pidieron revisar que mis datos estuvieran correctos, así era y me preguntaron si había algo más en lo que pudiesen ayudar. Realmente con un trato así se humano fui a llenar su encuesta electrónica del trato recibido con bastante gusto.

Caminé hacia el bulevar donde tomaría mi siguiente transporte, pero antes de tomarlo quise comprar un café. Noté que una persona necesitaba algo de un estante que se encontraba detrás de mí, por lo que disimuladamente me hice a un lado, pues comprendía que esa persona iba a esperar a que me moviera sin decirme nada, "Hey, en serio, gracias", me dijo la persona desconocida mientras tomaba algo de tal estante.

Ya en el camión de regreso, que para variar estaba limpio, venía considerablemente a gusto. Sé que suena a cosas sin importancia o a eventos que deberían ser de un día cotidiano pero, repito, para alguien como yo amante de ese tipo de detalles que demuestran que podemos ser animales civilizados pues... realmente significó bastante, fue como si para variar no fuese sólo yo quien hiciera un esfuerzo para convivir bien en esos encuentros aleatorios con personas desconocidas, para de mí pensaba "vaya, si es que hay personas educadas en el día a día" y, realmente, fue bastante satisfactorio.

No he tenido un día similar desde ese día, veo diariamente cómo la gente no sabe usar un semáforo, cómo se insultan cuando casi son atropellados mientras cruzaban una calle peligrosa en lugar de usar el puente, cómo no saben respetar una simple fila para obtener algún servicio y cómo agreden a otras personas mientras se mantienen a la defensiva, pero al menos sé que hay esperanza.

En los últimos días he decidido aumentar el recorrido de mis caminatas, normalmente camino o troto unos 7km-9km, el día de ayer me propuse hacer más y terminé en los 15km y fracción, hoy fueron otros 13km que sólo detuve porque empezaba a tener hambre y debía volver a casa, pero la energía fluía en mí todavía como para superar los 15 de ayer.

Como otra nota positiva por fin avanzó un poco más el proceso de empleo, tengo la esperanza de que sea el último mes que paso a la espera de que concluya.

sábado, 4 de febrero de 2017

Caminata a media noche, discusiones y enojo.

Buenas noches, gente que pase casualmente por aquí.

Estos días me encontré sin desearlo con una situación donde me encontraría con una sensación con la que no suelo hacer contacto: el enojo.

Era la noche del miércoles primero de febrero del presente año, hace tan sólo unos días. Me encontraba caminando cerca de mi casa, con un enojo que no había sentido desde hace unos años.

Por una discusión familiar importante y la combinación en esta de una de las cosas que más detesto: El no dialogar en una discusión y adoptar una postura de ridiculizar a la otra persona sin aportar argumentos más allá del "porque yo lo valgo", me encontraba saliendo de mi casa sin pensar mucho en lo que me había llevado: Mi teléfono y unos audífonos, nada más.

Necesitaba salir a tomar algo de aire y a descargar toda la energía que se encontraba en mí en ese momento, no me paré a pensar en el momento que eran las 10 de la noche en una colonia donde en los últimos meses ha habido desde asaltos simples hasta un par de personas heridas con armas de fuego, sin mencionar la presencia de militares en un par de ocasiones, desconozco exactamente el motivo.

Así me encontraba yo en ese momento; sin reparar en que no había cargado con agua ni dinero en caso de que se complicara la situación.

Caminé alrededor de la cuadra donde vivo, mas la necesidad de caminar más lejos me invadía, necesitaba, al menos, bajar al bulevar y relajarme por aquella área.

Bajé por las oscuras calles que separan la zona donde vivo al bulevar más cercano. Es bastante raro que el alumbrado público funcione en cada calle por estos rumbos, por lo que hay varios puntos donde realmente se encuentra casi completamente oscuro, casualmente son zonas donde existen unos edificios y pandillas provenientes de los mismos.

Caminaba con el volumen de los audífonos bajo, pues necesitaba escuchar si alguien se me acercaba con alguna mala intención, de hecho, debo admitir, parte de mí quería que si alguna vez fuese abordado por personas que quisieran hacerme daño ese era el momento perfecto para que sucediera, pues me encontraba con bastante energía que bien podría salir en forma de violencia si la situación lo hubiese requerido.

Caminaba como queriendo encontrar a esas personas que se dice por ellos ciertas calles cercanas a mi colonia son peligrosas, pero no encontré a nadie.

Seguí bajando hacia el bulevar donde el alumbrado funciona como debería. Recuerdo no saber exactamente a dónde quería ir, simplemente quería seguir caminando.

Estuve deambulando cuando por unos momentos creí haber tenido sed, lo cual habría sido un problema, pero posiblemente sólo me estaba sugestionando.

Para ser las 11 de la noche había más gente de la que esperaba caminando por las calles, saliendo de comercios, conduciendo por las calles.

Llegué a un área bastante transitada de la ciudad y al ver la hora decidí que era momento de volver, aunque algunas cosas cambiarían a partir de ese momento.

Caminé de regreso a casa, ya bastante más relajado pero alerta a través de esos puntos oscuros del camino, de nuevo no hubo ningún problema, de hecho me sorprendió encontrar a un vehículo de policía cuidando el área, es algo que no me había tocado ver.

Subí unas escaleras solitarias que terminan a una calle de mi casa, era prácticamente media noche, fue cuando saqué el teléfono para pausar la canción que estaba escuchando, fue en ese momento cuando tomé consciencia que tenía dos llamadas perdidas del teléfono de mi casa, no recuerdo que la música se haya pausado como normalmente hace al detectar una llamada entrante, pero igual pude simplemente no darme cuenta.

Como de costumbre, después de la caminata vendría un baño. La casa se encontraba en silencio y prácticamente todos dormían, o eso supuse yo. Navegué un poco en internet, ya me encontraba más cerca de la una de la madrugada, debía pensar en cómo sería el día siguiente.

Desperté al día siguiente más temprano de lo usual, el plan era comer algo, preparar la mochila que normalmente uso para caminar y perderme un par de horas en una caminata por el bulevar.

Y así fue; preparé la botella de agua, metí el libro que comencé a leer hace poco (It, de Stephen King), tomé el teléfono, audífonos, me puse los tenis y era momento de alejarme al menos por unas horas.

En mi teléfono se reproducían diversos audios de podcast que suelo bajar para tener algo interesante qué escuchar cuando no quiero oír música como tal. 

El tema estaba claro, debía esperar la llamada (o "las" llamadas) que me informase que  el proceso de selección para el empleo que quiero ha avanzado en algo, aunque sea lo más mínimo.


De cualquier manera, hasta que eso sucediera necesitaba mantenerme al margen de problemas en la medida de lo posible.

Volví a casa un par de horas después, sólo para recobrar energías y volver a caminar otras horas más tarde antes de terminar el día.

Me considero una persona que no olvida fácilmente la posición y acciones de una persona cuando se trata del trato o respeto que le ofrece a otra más durante una discusión y sé que es algo que tomará tiempo, pero realmente es una de esas ocasiones donde confirmo una vez más que a ciertas personas mejor el trato de lejos.

En fin, que después de haber eliminado el viejo blog (creo que ya era hora) quería volver a hacer de escribir un hábito como en los viejos tiempos.

No todo ha sido malo, por supuesto, de hecho la semana pasada experimenté bastante satisfacción y mi fe en la humanidad subió unos cuantos puntos, pero eso será tema de otra entrada.

Gracias a cualquiera que se haya tomado la molestia de leerme, excepto sin esa persona es votante del PRI.